La hormiga y nosotros
De noche, el viento
giraba suave tu silueta
en la ventana; apuraba
nuestro encuentro
bajo el Guásimo Silvestre.
Sin sospechar
de urgencias amorosas,
indiscreta,
una hormiga saboreaba
tu dulzura.
No cejaba en detenerme,
pero el río
de fuego que corría bajo
el Guásimo Silvestre
la hizo, para no quemarse,
abandonar
la dulce pesquisa al calor
de tu cuerpo y el mío.
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