Debemos darnos prisa por cambiar...
No hay que tener prisa
por llegar
a las noches que no
agendan
el sueño y petrifican
las partículas
del tiempo, para que no
transcurra y la novedad
de lo que
cambia nunca suceda.
Si en algo hay que tener
prisa,
es por dejar la realidad
confusa
de la semilla humana
morando
en lento desarrollo;
el denso
espacio terrestre,
a prueba de ser el día
de la espera
algo mejor, tras mucho
tropezar al levantarse.
Debemos darnos prisa
por cambiar
antes de cruzar el mundo
etéreo.
Hay que darle viento
a calibrarnos
los sentidos, crecer
en la razón
hasta alcanzar el modo
humano
capaz de vencer al nocivo
distractor
que asola la materialidad
dudosa,
en donde pensar, hablar
y actuar bien
precisa serenarnos
para expulsar
del mar interno al mal
que lo navega,
sembrando en nuestros
cuerpos sus demonios.
Debemos darnos prisa
por limpiar
los tóxicos rastrojos
del yo inverso,
antes de que su noche
nos deje sin mañana
y se prolongue.
Si logramos despertar,
debemos
darnos prisa en abrir
el portal
del corazón que,
por el bien del amor,
todo lo cambia,
uniendo
nuestros rayos de luz
a los faros de luz
del universo.
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